Escribir es de locos

por Sep 6, 2019Escribir es de locos6 Comentarios

El oficio de escritor es uno de los más misteriosos que existen. Excepto para el propio escritor. Porque él conoce de primera mano el titánico esfuerzo, los incontables ensayos y los variados trucos que sostienen esa magia que, si realiza su trabajo con la suficiente destreza, embarga a los lectores que leen sus libros. Pero a quienes lo contemplan desde el patio de butacas, el escritor se les antoja un ser especial dotado de increíbles poderes. Y si esa sensación perdura una vez abandonan el teatro, es porque no lo ven regresar cansado a su camerino y empezar a sacarse del bolsillo la panoplia de trucos y artilugios que ha necesitado para crear su espectáculo.

 

 

TALENTO VERSUS TÉCNICA

 

Porque la magia se crea con trucos, sí, más que con talento, algo que, por desgracia, no se puede enseñar: se tiene o no se tiene. El talento no podría transmitirse ni aunque los escritores que imparten talleres literarios se dedicaran a morder a sus alumnos. Por suerte, el talento no es imprescindible para escribir una novela, como no lo es para dirigir una película o pintar un cuadro, por ejemplo. Los genios y los artesanos siempre han convivido en graciosa armonía en el ámbito artístico. En cambio, los trucos del mago, los recursos y estrategias que nos sirven para llevar a buen puerto una obra literaria, sí pueden enseñarse. Y es la técnica lo que nos permite encauzar el talento para que no se desborde a sus anchas, darle la forma más adecuada a ese magna de ideas que genera nuestra imaginación. Por mucho talento que uno tenga, si no escoge bien al narrador de su historia, o no diseña la estructura adecuadamente, o no usa la elipsis cuando conviene, por poner solo algunos ejemplos, el resultado será probablemente una novela infumable. 

 

 

EL LARGO Y TORTUOSO CAMINO DE LA ESCRITURA

 

Por eso aquí, en esta sección que hoy inauguro, que lleva por título Escribir Es De Locos, revelaré mis trucos de escritor, los que he aprendido a lo largo de mis más de veinte años de trayectoria, y los que he ido atesorando como piedras preciosas desde que ejerzo de coaching literario (anglicismo del tutoreo de toda la vida), que es la mutación natural de mi faceta de profesor de talleres literarios. En sucesivas entradas, que tendrán —cruzo los dedos— una periodicidad quincenal, repasaré los diferentes aspectos que conforman la creación de una obra literaria, desde la idea inicial hasta el punto final, atendiendo especialmente a los muchos problemas que pueden surgirnos en el camino y cómo sortearlos.

 

Pero también habrá sitio en este blog para otras secciones: reseñas literarias, entrevistas a colegas hablando de sus propios métodos creativos, consejos generales, consejos específicos de determinados estilos y géneros, reflexiones… En definitiva, todo lo que tenga que ver con el mundo literario y los procesos de escritura.

 

Mi intención es que estas secciones ejerzan de complemento teórico a los distintos servicios que mi equipo y yo ofrecemos en esta web y que podéis consultar en el menú. Y espero que estas secciones sirvan tanto a otros colegas escritores como a todos aquellos que, con un lápiz entre los dientes, deciden aventurarse en la jungla de la literatura, decididos a escribir esa novela que derribe las puertas de las editoriales, que remueva los cimientos de la Literatura y alimente la imaginación de millones de lectores, desde el vecino de abajo hasta el esquimal pescador. O simplemente a quienes quieren sacarse de dentro esa historia que llevan enquistada desde la adolescencia o más allá. Porque al fin y al cabo, ser escritor (que no escribir) es una profesión como otra cualquiera. Y como toda profesión, requiere de formación y consejo.

 

Y el primer consejo que siempre doy a mis alumnos es el siguiente: ¡desconfiad de la inspiración, insensatos! Porque una obra literaria no se escribe únicamente a golpe de inspiración. Es mucho más importante el trabajo, la paciencia o la disciplina, aunque quienes empiezan a escribir no concedan demasiado valor estas virtudes. Y es que, aparte de la legendaria bohemia, el cine, en su afán por dramatizarlo todo, nos ha malacostumbrado proyectando una imagen del escritor absolutamente falsa.

 

 

FICCIÓN VERSUS REALIDAD

 

A los escritores de las películas nunca los vemos encadenados durante meses y meses a sus escritorios, enfangados en todo el trabajo de planificación y corrección que exige una novela. Los escritores de las películas solo escriben en arrebatos de inspiración. Suelen pasarse el día haraganeando o deprimidos, cuando no directamente borrachos en el sofá, ante un portátil que muestra una inmaculada página en blanco, burdo símbolo del aterrador bloqueo creativo que atraviesan. Pero cuando al fin sienten la llamada de las Musas, se encierran en alguna habitación de hotel o alguna cabaña en el bosque a teclear febrilmente, y en cuestión de una o dos semanas, en las que apenas comen ni duermen, escriben una novela que sale tal cual, que brota de sus manos como el lector la coge del escaparate. Para colmo, en la siguiente escena, lo vemos sentado expectante en el despacho de su editor, que coloca la última hoja de un grueso mazo —que extrañamente nunca está encuadernado— y, mirando a nuestro héroe, le suelta: “Sin duda esto es lo mejor que has escrito nunca, Steve”. Huelga decir que todo esta escenificación del trabajo del escritor dista bastante de la realidad. 

 

Los escritores “reales” escribimos cada día, incluidos fines de semana, tengamos o no ganas, con horario de oficinistas (aunque la mayoría seamos autónomos). Con plazos que cumplir, facturas que pagar y posiblemente un gato que alimentar con latitas gourmetsería muy arriesgado por nuestra parte dejarlo todo en manos de algo tan caprichoso como la inspiración. Y, por supuesto, nuestros libros no salen tal cual a la primera. Salvo que ocurra algún tipo de milagro, son el resultado de un trabajo de corrección largo, tedioso y muchas veces hasta frustrante. Si alguien rodara nuestra forma de trabajar, que poco tiene que ver con sufrir una catarsis, el resultado sería la película más aburrida del mundo. Pero una obra literaria se escribe así. Sin épica, sin gestos efectistas. No hay otra. Y eso es lo primero que tiene que comprender quien se decida a abordar una novela, que la inspiración está sobrevalorada. 

 

El resto de lo que debéis saber, lo iréis descubriendo poco a poco en las siguientes entradas. ¡Nos vemos dentro de quince días!

 

 

Y recuerda, si necesitas un coaching literario, alguien que te guíe en el largo y tortuoso camino de la creación, puedes contar conmigo, da igual de dónde seas, pues también ofrezco la modalidad online. Mi equipo y yo estamos aquí para ayudarte siempre que lo necesites, ya sea a través de energías vitales o a través de este formulario.